Visitas.

domingo, 1 de junio de 2014

Carta sin destinatario.

Escribir algo que nunca me voy a atrever a mandarte parece estúpido e inverosímil, pero para mí tiene otro significado enteramente distinto.
Sé que muy pronto tendré que despedirme de ti.
Parece tan fácil cuando se dice en voz alta... Incluso acabo de sonreír, pero no creas que es porque me haga feliz dejarte marchar. Es por esta estúpida canción que me recuerda a ti, así que ha sido una sonrisa torpe, melancólica, incoherente.

Parece fácil. Pero no es tan fácil decir adiós cuando aún hay tantas cosas que no he podido contarte. Me ha faltado el tiempo, se me ha agotado demasiado rápido. Pero la culpa de eso es tuya. Lee esto imaginándome con una sonrisa,  por favor, no estoy molesta. Más bien agradecida y al mismo tiempo dolida porque te me vas.

Lo que más impotencia me causa es el pensar que te irás y aún no habré sido capaz de leerte y resumirte con mis palabras este escrito.
Es duro, parece que es lo más agotador y cruel que puedo llegar a sentir y por un momento lo pienso y hasta me lo creo, pero es que cuando te veo todo da un giro tan fortuito que hasta me mareo, no me da tiempo a agarrarme y cuando veo tu sonrisa me dejo caer y no siento la caída porque estoy soñando viéndote radiante.

Todo cambia cuando me despido de ti y todos mis miedos me golpean y se mofan de mí porque no tengo esa fuerza que tú me aportas.
Yo le llamo morir por dentro, pero es una forma muy extremista como ves, y prefiero prescindir de ella.

El caso es que, me ha faltado tiempo para darme cuenta de lo mucho que te necesito. De que no quiero que desaparezcas de mi vida como otros ya lo han hecho. De que no quiero que te conviertas tú en una de esas cosas que echo de menos hoy en día, porque quiero disfrutar de ti todo lo que en el guión se haya escrito. Porque sé que esto no es el final, porque sé que si quieren que esta historia triunfe tienen que añadir más páginas y ¿sabes qué? Tu nombre y el mío rellenarán esas hojas en blanco que por ahora no tienen ningún sentido.

Detesto las despedidas. Y lo que más detesto de ellas es la incertidumbre y la felicidad que me arrebatan. La ilusión y los propósitos que cada noche antes de soñarte yo diseño. 
La verdad es que no tienes ni idea de la cara de idiota que se me pone al imaginar que estás leyendo esto y hasta te gusta... 

Un millón de lágrimas no pueden hacer que te quedes. Lo sé, porque he llorado hasta no poder más y no ha dado resultados. 
¿Pero qué voy a hacer? ¿Rogarte por favor que no te vayas? ¿Con qué pretexto? 
Sé que si hago eso me pedirás explicaciones. Porque conozco lo cotilla que eres y sé que no te frenarás en indagar más allá de esa rogativa. Pero lo cierto es que no me atrevo a confesarte la verdad ni lo que siento. 
Porque tengo miedo. Miedo por tu reacción y miedo a tu rechazo. 

Me tomo confianzas porque parece que aún tengo el tiempo suficiente para decírtelo, y parece que algún día tú dirás o me preguntarás algo que haga que confiese todo lo que llevo dentro, todo lo que te pertenece. 

Dicen que sin corazón no se puede vivir, pero sin ti no se digna a funcionar así que... dime tú, qué voy a hacer contigo. 



"Ya ves, a veces me canso de mí y de no tener el valor para buscarte y cometer todo delito que este amor exija."


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes preguntar, opinar, compartir tus opiniones, pero con una sola condición: el respeto.