Visitas.

sábado, 17 de mayo de 2014

Un nuevo comienzo.

Llega un momento en el que ya ni te planteas qué es lo que puede estar sucediéndote. 
Cuando tu vida empieza a parecer más una película y una novela escrita por una persona falta de cariño y con una autoestima algo escasa, te das cuenta de que lo único que puedes hacer es continuar el guión, the show must go on, ¿no es así? 

El caso es que la cosa ha ido a más. 
Intentas luchar, intentas ganar, intentas dejar de pensar en ello... 
Pero a mí me resulta imposible detenerlo. Es más, no quiero hacerlo. Eso o que no puedo evitarlo, simplemente. 
Carezco de fuerza de voluntad y la tentación está últimamente muy presente en mi vida. Más que antes, quiero decir. ¿Pero qué puedes esperar de una persona enamorada de las dificultades y de los inalcanzables?
No mucho, sinceramente. 
Y he intentado rectificar, no penséis lo contrario. Pero me he dado cuenta de una cosa, y esa cosa es que me gusta cómo soy, cómo pienso, lo que siento, lo que hago y cómo lo hago. 
¿Dónde está el problema? Pues eso llevo planteándome cada vez que pienso en dicha persona y de repente me ensombrezco. 

Espera, ya sé cuál es el problema: la dependencia. 
Me he dado cuenta de que NO puedo vivir sin la otra persona. Y no es una exageración, es la pura realidad. Todo me sabe a poco, siempre quiero MÁS y MÁS y nunca parezco conformarme.
Las horas se convierten en minutos que pasan más rápido que las estrellas fugaces. Y sí, eso ha sonado espantosamente cursi. Pero qué se le va a hacer. Estas cosas pasan cuando uno está enamorado. 

¿Pero es eso lo que estoy realmente? ¿Enamorada? ¿O es un simple capricho pasajero como tantos otros? No, esto es distinto, a pesar de que una parte de mí conciencia me diga que es algo imposible y que jamás podrá suceder, algo en el otro extremo de mi sien me amenaza cada día con no dejarlo estar, con proseguir, con intentarlo. Procurando convencerme de que su oponente no tiene ni la menor idea de nada, y lo único que quiere es confundirme porque no puede ver más allá de la oscuridad. 
¿Y a quién debo creer entonces? 

No os lo creeréis, pero..., justo cuando estoy por decidirme por una de esas dos repelentes vocecillas, miro a esa persona y entonces todo me golpea. Mi sonrisa torpe cuando se encuentra con la suya perfecta, se convierte en el embrujo que hace desaparecer todo a mi al rededor; los pensamientos, las ideas, las palabras, las inseguridades, los problemas... 
Y cuando tengo el suficiente valor como para mirarle a los ojos, el corazón se me despierta y se sobresalta tanto que me pregunto si ella puede oírlo tanto como yo sentirlo en mi garganta. 

Y entonces vuelta a empezar... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes preguntar, opinar, compartir tus opiniones, pero con una sola condición: el respeto.