Visitas.

jueves, 19 de junio de 2014

Hasta un simple acorde recordándome tu nombre.

¿A que no sabes donde he vuelto hoy? 
Donde solíamos gritar 
diez años antes de este ahora sin edad, 
aún vive el monstruo y aún no hay paz. 

Y en los bancos que escribimos 
medio a oscuras, sin pensar, 
todos los versos de "Heroes" 
con las faltas de un chaval, aún están. 

Y aún hoy, 
se escapa a mi control, 
problema y solución, 
y es que el grito siempre acecha, 
es la respuesta. 

Y aún hoy, 
sólo el grito y la ficción 
consiguen apagar 
las luces de mi negra alerta. 

Tengo un cuchillo y es de plástico 
donde solía haber metal, 
y el libro extraño que te echó de párvulos, 
sus hojas tuve que incendiar. 

Y en los hierros que separan 
la caída más brutal 
siguen las dos iniciales 
que escribimos con compás, 
ahí están. 

Vertical y transversal, 
soy grito y soy cristal, 
justo el punto medio, 
el que tanto odiabas 
cuando tú me repetías que 
té hundirá y me hundirá, 
y solamente el grito nos servirá, 
decías "es fácil" y solías empezar. 

Y es que el grito siempre vuelve 
y con nosotros morirá, 
frío y breve como un verso, 
escrito en lengua animal. 
¡Y siempre está! 

Te hundirá y me hundirá 
y solamente el grito nos servirá 
y ahora no es fácil, 
tú solías empezar. 

Vertical y transversal, 
soy grito y soy crital, 
justo el punto medio, 
el que tanto odiabas 
cuando tú me provocabas aullar. 

Y ya está, ya hay paz, 
oh, ya hay paz. 
Y ya está, ya hay paz, 
oh, ya hay paz. 

¿Porque gritaba? 
Lo sé y tú no, 
no preguntabas, 
tú nunca, no.




Allí donde solíamos gritar - Love Of Lesbian. 

domingo, 1 de junio de 2014

Carta sin destinatario.

Escribir algo que nunca me voy a atrever a mandarte parece estúpido e inverosímil, pero para mí tiene otro significado enteramente distinto.
Sé que muy pronto tendré que despedirme de ti.
Parece tan fácil cuando se dice en voz alta... Incluso acabo de sonreír, pero no creas que es porque me haga feliz dejarte marchar. Es por esta estúpida canción que me recuerda a ti, así que ha sido una sonrisa torpe, melancólica, incoherente.

Parece fácil. Pero no es tan fácil decir adiós cuando aún hay tantas cosas que no he podido contarte. Me ha faltado el tiempo, se me ha agotado demasiado rápido. Pero la culpa de eso es tuya. Lee esto imaginándome con una sonrisa,  por favor, no estoy molesta. Más bien agradecida y al mismo tiempo dolida porque te me vas.

Lo que más impotencia me causa es el pensar que te irás y aún no habré sido capaz de leerte y resumirte con mis palabras este escrito.
Es duro, parece que es lo más agotador y cruel que puedo llegar a sentir y por un momento lo pienso y hasta me lo creo, pero es que cuando te veo todo da un giro tan fortuito que hasta me mareo, no me da tiempo a agarrarme y cuando veo tu sonrisa me dejo caer y no siento la caída porque estoy soñando viéndote radiante.

Todo cambia cuando me despido de ti y todos mis miedos me golpean y se mofan de mí porque no tengo esa fuerza que tú me aportas.
Yo le llamo morir por dentro, pero es una forma muy extremista como ves, y prefiero prescindir de ella.

El caso es que, me ha faltado tiempo para darme cuenta de lo mucho que te necesito. De que no quiero que desaparezcas de mi vida como otros ya lo han hecho. De que no quiero que te conviertas tú en una de esas cosas que echo de menos hoy en día, porque quiero disfrutar de ti todo lo que en el guión se haya escrito. Porque sé que esto no es el final, porque sé que si quieren que esta historia triunfe tienen que añadir más páginas y ¿sabes qué? Tu nombre y el mío rellenarán esas hojas en blanco que por ahora no tienen ningún sentido.

Detesto las despedidas. Y lo que más detesto de ellas es la incertidumbre y la felicidad que me arrebatan. La ilusión y los propósitos que cada noche antes de soñarte yo diseño. 
La verdad es que no tienes ni idea de la cara de idiota que se me pone al imaginar que estás leyendo esto y hasta te gusta... 

Un millón de lágrimas no pueden hacer que te quedes. Lo sé, porque he llorado hasta no poder más y no ha dado resultados. 
¿Pero qué voy a hacer? ¿Rogarte por favor que no te vayas? ¿Con qué pretexto? 
Sé que si hago eso me pedirás explicaciones. Porque conozco lo cotilla que eres y sé que no te frenarás en indagar más allá de esa rogativa. Pero lo cierto es que no me atrevo a confesarte la verdad ni lo que siento. 
Porque tengo miedo. Miedo por tu reacción y miedo a tu rechazo. 

Me tomo confianzas porque parece que aún tengo el tiempo suficiente para decírtelo, y parece que algún día tú dirás o me preguntarás algo que haga que confiese todo lo que llevo dentro, todo lo que te pertenece. 

Dicen que sin corazón no se puede vivir, pero sin ti no se digna a funcionar así que... dime tú, qué voy a hacer contigo. 



"Ya ves, a veces me canso de mí y de no tener el valor para buscarte y cometer todo delito que este amor exija."


lunes, 19 de mayo de 2014

Aquellos fueron buenos tiempos.

Stop the clocks..., forever. 


Cuando no había prácticamente más preocupaciones que el compañero de al lado te robase la goma o criticase tu dibujo, cuando el llanto sólo acudía por un golpe en el parque, cuando tus amigos eran eso, amigos. Verdaderos amigos. Y no tenías uno, sino miles. 

Cuando la inocencia nos supo tan dulce. Cuando aún nos quedaba un ápice de imaginación y todo era fantasía y diversión. 
¿Dónde quedó todo aquello?
Y lo más importante:
¿Por qué acabamos con eso? 
El paso del tiempo es sólo una condena más que al fin y al cabo todos y cada uno de nosotros tiene que vivir. 

Aún recuerdo todo tipo de ideas, comentarios, risas, pensamientos...
Algunas personas quisieron crecer tan rápido... Y ojalá yo ahora pudiese volver atrás, vivir todo aquello otra vez. Aprovechar todo eso una vez más... 

Y un día te das cuenta, ya no eres esa cría que se divertía con un par de ramas y arena mezclada con agua.
Miras a tu al rededor y ves que todo ha cambiado, que tú sigues estando en ese parque y ya nada es como antes. Las personas, los árboles, incluso el color del tobogán se ha difuminado con el paso de los años, al igual que tu inocencia. 
Miras tu reflejo desgastado, la sonrisa ha desaparecido de tu rostro, pero los carcajeos y las voces de aquellos niños aún te golpean la cabeza chillando y riendo tu nombre, y te obligan a recordar. 

Por fin llega. Te pasas un año entero deseando volver a ver a tus compañeros, y todo ha cambiado. Ya son extraños que no se conocen ni así mismos. 
Llega un momento en el que ni mirarles a los ojos puede hacerte revivir aquellos momentos en los que cualquier cosa era increíble por simple que fuese. 

Y aún es pronto para lamentarse, para añorar. Aún queda tanto por vivir, tanto por aprender... 
Y cada día que nos acercamos al futuro nos alejamos más del pasado.



Aquellos tiempos fueron buenos tiempos. Pero..., nunca se volverán a repetir.  



  

domingo, 18 de mayo de 2014

Carta sin destinatario.

Cuando alguien desaparece de tu vida, cuando puede que no vayas a ver a esa persona nunca más, coges papel y lápiz y diciendo todo aquello que jamás pudiste decirle o no pudiste contarle, escribes una carta. Que puede ser eterna o simplemente una palabra. Se la escribes a esa persona que se fue, pero no la mandas. La doblas, la acercas a una llama y la quemas. Se la lleva el viento y así el dolor no se te queda tan dentro. 





sábado, 17 de mayo de 2014

Un nuevo comienzo.

Llega un momento en el que ya ni te planteas qué es lo que puede estar sucediéndote. 
Cuando tu vida empieza a parecer más una película y una novela escrita por una persona falta de cariño y con una autoestima algo escasa, te das cuenta de que lo único que puedes hacer es continuar el guión, the show must go on, ¿no es así? 

El caso es que la cosa ha ido a más. 
Intentas luchar, intentas ganar, intentas dejar de pensar en ello... 
Pero a mí me resulta imposible detenerlo. Es más, no quiero hacerlo. Eso o que no puedo evitarlo, simplemente. 
Carezco de fuerza de voluntad y la tentación está últimamente muy presente en mi vida. Más que antes, quiero decir. ¿Pero qué puedes esperar de una persona enamorada de las dificultades y de los inalcanzables?
No mucho, sinceramente. 
Y he intentado rectificar, no penséis lo contrario. Pero me he dado cuenta de una cosa, y esa cosa es que me gusta cómo soy, cómo pienso, lo que siento, lo que hago y cómo lo hago. 
¿Dónde está el problema? Pues eso llevo planteándome cada vez que pienso en dicha persona y de repente me ensombrezco. 

Espera, ya sé cuál es el problema: la dependencia. 
Me he dado cuenta de que NO puedo vivir sin la otra persona. Y no es una exageración, es la pura realidad. Todo me sabe a poco, siempre quiero MÁS y MÁS y nunca parezco conformarme.
Las horas se convierten en minutos que pasan más rápido que las estrellas fugaces. Y sí, eso ha sonado espantosamente cursi. Pero qué se le va a hacer. Estas cosas pasan cuando uno está enamorado. 

¿Pero es eso lo que estoy realmente? ¿Enamorada? ¿O es un simple capricho pasajero como tantos otros? No, esto es distinto, a pesar de que una parte de mí conciencia me diga que es algo imposible y que jamás podrá suceder, algo en el otro extremo de mi sien me amenaza cada día con no dejarlo estar, con proseguir, con intentarlo. Procurando convencerme de que su oponente no tiene ni la menor idea de nada, y lo único que quiere es confundirme porque no puede ver más allá de la oscuridad. 
¿Y a quién debo creer entonces? 

No os lo creeréis, pero..., justo cuando estoy por decidirme por una de esas dos repelentes vocecillas, miro a esa persona y entonces todo me golpea. Mi sonrisa torpe cuando se encuentra con la suya perfecta, se convierte en el embrujo que hace desaparecer todo a mi al rededor; los pensamientos, las ideas, las palabras, las inseguridades, los problemas... 
Y cuando tengo el suficiente valor como para mirarle a los ojos, el corazón se me despierta y se sobresalta tanto que me pregunto si ella puede oírlo tanto como yo sentirlo en mi garganta. 

Y entonces vuelta a empezar...